Nueva Abizanda

Sesión 11

Verano, AD 1224

Uno de los canteros llega a Abizanda destrozado: informa a los magos de que han sido atacados por unos hombres, que, sin mediar palabra, han disparado contra ellos. Gabriel y Oberón se dirigen al lugar, invisibles, tomando así las suficientes precauciones. Al llegar la noche, observan que un guardia se ha instalado en la entrada a la mina, junto a una campanilla. Gabriel, susurrando sus conjuros, revienta su corazón, sin que emita así sonido alguno. La operación de limpia sigue en la cabaña del capataz, ocupada por Luis, un hombre brutal que duerme a pierna suelta. Los demás morirán entre enredaderas, mientras Gabriel revienta, uno a uno, sus corazones. En el almacén encuentran al resto de los obreros, que les dan a conocer la masacre sufrida: aún quedan como testigos de la masacre los cuerpos apilados junto a la tienda del capataz y la cabeza de éste, seccionada sobre la cómoda de su cabaña.
Los canteros cuentan que vinieron por sorpresa y que se interesaron en la pequeña grutita, en la que (aunque ellos no lo saben) vive el pequeño goblin verde. Dos de ellos partieron buscando alguien que pudiera penetrar en la pequeña cueva.
De este modo, Oberón y Gabriel esperan invisibles en la entrada. Llegan pues los dos criminales, que llevan un enano, Víctor, de Aínsa. Oberón los enmaraña con sus enredaderas y los duerme, con intención de interrogarlos más adelante. Estos hablan de la vieja del bosque y de su interés por el goblin.
Los magos ponen las cabezas en picas y ponen una señal de advertencia en la entrada de la cantera.

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Flavius Flavius

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