Nueva Abizanda

Sesión 7

Sancho y Oberón deciden investigar la tierra del jabalí mágico, mientras este permanece en el agujero. Encuentran en el interior de una cueva cuatro jabatos, indefensos, que les gruñen al acercarse. Oberón lanza unas enredaderas, inmovilizándolos. Con una cuerda mágica, consigue atarlos y, mediante un hechizo los tranquiliza, mientras Sancho se ve arrastrado por uno de ellos. Aparece Guillermo, que les ayuda a sacar a los jabatos de la zona. Sancho abre, con esfuerzo, un puente mágico que les permite evitar utilizar la balsa, la que intentan utilizar infructuosamente en un principio, pues caen al agua.

Vuelven a Abizanda y, por el camino, una mujer de mal aspecto se sube a su carro, les pide silencio y tira una bolsa llena de gemas y oro en la parte de atrás. Aparecen varios soldados, que aprecen buscar a la mujer. Esta, sin embargo, ha cambiado su rostro y parece un muchacho joven, de unos 18 años. Al irse los soldados, esta reclama su dinero. al negarse uno de los magos, cambia su rostro y muestra facciones demoníacas. Los magos dan el dinero y la dejan marchar.

En Abizanda todo sigue tranquilo. Los dos nuevos reclutas siguen igual de torpes y el cocinero igual de poco limpio. En una estación Basilio consigue curarse de sus heridas, tras dos caídas que casi lo llevan a la muerte. Al final, Sancho decide ejecutar un hechizo mágico, que le permite mejorar sus heridas.
Llegan, al cabo del tiempo, tres soldados, uno de los cuales, llamado Pascual, parece responder ante su señor, Carlos de Uribe. Les pide que acudan a Urgel, donde le expliquen de qué manera han ido a acabar a esas tierras y, sobre todo, por qué no han avisado a su dueño legal. Los magos se dirigen hacia allá, no sin antes escribir a la Orden. Por el camino se encuentran con una vieja, un tanto peculiar, que lanza frases ambiguas a los magos. Sancho habla con ella y la invita a unirse a Abizanda.
Una vez en Urgel se reúnen con Matlus, que les indica que ya están moviendo los hilos necesarios, por lo que eviten llamar demasiado la atención. Ante Carlos de Uribe los magos responden no demasiado claramente, lo que lleva a su sorpresa. En esa tesitura, Oberón decide utilizar su poder de fascinación, pero el consejero de Carlos se interpone y habla con los magos aparte, pidiéndoles que dejen sus “trucos” para otro momento, puesto que se ha de evitar lo que anteriormente sucedió, a saber, que uno de ellos, tras traer caos al territorio, fue quemado vivo.
Los magos deciden volver a Abizanda. En el camino recogen a la anciana vieja que encontraron.

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Flavius Flavius

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