Nueva Abizanda

Sesión 1
Las ruinas de Bizanda

Los magos llegan a Abizanda (Bizanda o Pazanda). Allí, tras un encuentro con una cabra peculiar, descubren unas antiguas ruinas, bajo las cuales se encuentran las raíces de un árbol ancestral. Este, abriendo un gran ojo en un tronco grande de uno de los laboratorios del sótano, intenta atacar a los magos, sin éxito.
Conocen también a Perico, un hombre de gran tamaño que les habla de su prima, que vive en el bosque. Llevando por delante su antorcha, lleva a los magos hasta un claro del bosque, donde comienza a hablar con una fuente. Su prima no está dispuesta a hablar con los magos, sí con el Merinita, que decide volver en otro momento.
Durante la noche, los lobos acechan. Gabriel de Flambeau, tras asomarse, recibe un grave mordisco en el rostro, que podría haber acabado con su vida. Por la mañana los magos lo llevan a una aldea cercana, donde conocen a Fausto, un sacerdote de campo, y a una vieja, que cura las heridas del pobre Gabriel.

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Sesión 2
Perico, Margarita y "el arpía"

Llega Basilio a la alianza. Allí conoce a Oberón de Merinita. Juntos deciden visitar el hogar de Perico. Oberón descubre una regio feérica en el lugar, a la que accede. Conocen a Margarita, con la que hablan sobre el problema de “el arpía”, quien parece molestarlos y haberles robado unos “tesoros”.

Oberón y Basilio se dirigen a la choza de “el arpía”. Encuentran el lugar cerrado. Oberón accede mediante la magia, pero no descubre nada especial. El mago y el Mercere son mal recibidos por “el arpía”, que les tilda de “subnormales” y les conmina a abandonar el lugar. Tras dormirlo, roban los cráneos de animales, que parece ser “el tesoro” del que hablaban Margarita y Perico.

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Sesión 3
Verano. AD 1220

Los magos de Abizanda empiezan a recibir ayuda. Estancia-Es-Karida envía a Álvaro, sargento, junto a otros cinco hombres, algunos de ellos árabes. Jaferiya envía, de la mano de Metron, algunos instrumentos útiles para los laboratorios, así como alguna vis sobrante. Baruch, gran quaesitor de Iberia y uno de los magos más importantes de Duresca, envía obreros y especialistas para levantar las primeras barricadas.

Durante este período, Perico vuelve a la alianza y agradece que hayan devuelto a sus “amigos”. Junto a Oberón se interna en el bosque y tienen una reunión con el espíritu del manantial, pero resulta infructuoso, ya que son incapaces de comunicarse.

Metron, al conocer la suerte de Gabriel, decide, a propuesta de Guillermo, realizar una cacería de lobos. Durante la misma, Rodrigo de Flambeau sufre heridas severas, perseguido por una jauría de lobos, pero escapa de la muerte por mediación de Metron.

Más adelante, Baruch, durante su estancia, pregunta a los magos acerca de su situación y actividad. Penetra en las habitaciones y mira con interés el árbol ciclópeo.

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Sesión 4
Invierno: AD 1221

Llegan a Abizanda Cordelia, anciana que actuará como chamberlán de Abizanda, precedentemente autócrata en Barcelona, y Gordelio, cocinero de técnicas originales. Julito el carpintero sigue arreglando las salas y adquiere herramientas para conseguir más madera y, así, seguir con las reparaciones.

Sancho, Oberón y Rodrigo deciden salir en busca de fuentes de vis. Sancho, según recuerda de sus lecturas, cree que puede haber fuentes de vis cerca de Secastilla, en un poblado fantasma del que se habla; cerca de Graus, donde se habla de un cementerio peligroso que en ocasiones amedrenta a los viajeros; y otras zonas de lagos y ríos que destacan por su belleza.

Los magos se dirigen primero a Secastilla, donde las gentes de la aldea los reciben con cierto asombro. Gregorio, el cura, se muestra más frío que la primera vez con Oberón de Merinita, que le pregunta directamente por el poblado, adonde dice que quiere llegar para conseguir “un libro extraño sobre ciencia” (sic!). Antes de abandonar el pueblo, un niño, llamado Pedrito, se acerca al carro y habla con Oberón. Le pregunta si son realmente “demonios” y se asusta cuando Sancho y Rodrigo se dirigen a él.

Los magos llevan el carro campo a través, pero la lluvia hace que acabe varado en una zona inundada. Mediante sortilegios consiguen evitar que sus ropajes se mojen y prosiguen con su camino. Una especie de vapores que emanan de la tierra llama la atención de los magos, que se dirigen al lugar. Primero, encuentran una especie de miliario antiguo, tallado en una roca musgosa y con un extraño lenguaje sobre ella, frente a la cual han sacrificado una liebre. Más adelante descubren una pequeña colina en la que se encuentras desperdigados algúnos túmulos pequeños, formados mediante simples montones de rocas. Sancho decide observar los montones más de cerca y, tras ver restos de animales sobre ellos, decide mover las rocas. En ese momento se levanta una bruma muy oscura que no deja ver alrededor a los magos. Escuchan sonidos metálicos y rocas que se mueven. Mediante hechizos instantáneos de auram ven que dos enormes esqueletos armados se están levantando de la tierra. Sancho se defiende mediante la “armadura de los vientos”, mientras Rodrigo se dirige inconsciente en la oscuridad hacia los guerreros esqueléticos. Comienza el combate, primero en la oscuridad, luego en la claridad, cuando Sancho disipa la niebla con su poder mágico. Las raíces de Oberón no resultan en principio efectivas y, aunque consiguen amarrar finalmente al esqueleto, resiste los embates de los sortilegios de tierra de Sancho. Dos grogs mueren frente a dos esqueletos, que también caen.

Al final, en la oscuridad aparece una figura enorme, fuerte y pavorosa. Un guerrero de tamaño descomunal deja ver su cuello descabezado y avanza mostrando su gran espadón. El soldado que queda se enfrenta valientemente a él, pero es descuartizado en segundos. Los magos huyen rápidamente, apoyando en la carrera a Rodrigo, al que uno de los grogs, cayendo contra él, le ha provocado una herida de suma gravedad.

Los magos llegan a Abizanda y la alianza duerme intranquila, pensando en la situación de los magos.

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Sesión 5
Verano. AD 1222

Los magos reciben a Diana, nueva maga Merinita que llega a la alianza. En el camino descubrien que Pedrito les está siguiendo. La impericia de los magos hace que este escape: Oberón intenta evitar el crepúsculo y Diana cae a tierra dormida, afectada por el hechizo fallido de su compañero.
Los magos encuentran a Julián y su hija, vendedor de pociones “curalotodo”. Sancho lanza un hechizo sobre él, para demostrar su magia. Este sale volando por los aires y se estampa contra una roca, quedando maltrecho. Los magos deciden borrar los recuerdos de padre e hija y llevarlos a Puebla de Castro. En el carro descubren muchas pociones, así como un medallón de oro con forma de sol y un rubí engastado que resulta ser un regalo de la madre a la hija, que, según ella, la protege de los hombres malos.
Al llegar a Puebla de Castro los magos hablan con uno de los guardias, al que le confesan su casa, Merinita, y que pertenecen a la Orden de Hermes. Este, seguido por Diana, se dirige a hablar con su sargento, que a su vez habla con el cura del pueblo, que envía una carta a Matlus, pidiendo que no se produzca una situación similar a la del pasado. Descubren que, en efecto, dos magos llevaron a una extraña guerra a muchas personas del pueblo, que se enfrentaron a enemigos invisibles y murieron en su mayoría. Los dos magos, según las visiones de Guillermo, se encontraron con un tercero, con el que juntaron las manos. Tal vez se trate de una especie de pacto.
Tras salir de Puebla, los magos se encuentran en el lago con un pescador, que, ante la poca pesca conseguida, se ofrece a llevarles a una zona peligrosa con jabalíes gigantes. Allí pasan en una pequeña barca a otra orilla, donde un enorme jabalí de naturaleza mágica les ataca, acabando con la vida del grog, mientras Oberón y el pescador huyen despavoridos.

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Sesión 6

Gabriel de Flambeau y Guillermo de Mercere abandonan el lugar y regresan a Abizanda por cuestiones personales. Sancho de Tytalus y Oberón de Merinita permanecen en el lugar del jabalí mágico. Pero, puesto que la noche está cayendo, deciden buscar refugio. Basilio, que se les une, les indica la existencia de una choza en la distancia de la que emana el humo del hogar. Acuden, pero descubren que todos sus inquilinos, una familia de cinco personas, se encuentran aquejados por la peste. Deciden, por tanto, abandonar el lugar, dirigiéndose hacia otra cabaña, abandonada y poco confortable, que se encuentra relativamente cerca del lago del jabalí.

Al día siguiente los dos magos intentan alcanzar la orilla valiéndose de la barca del pescador, al que previamente duermen con sortilegios, pero su escasa fuerza convierte el viaje en un largo suplicio. Basilio, mientras tanto, convertido en águila, otea la zona del jabalí y se introduce, convertido en serpiente. Se mueve por la zona, hasta que, al pasar un charco de agua templada, empieza a sentir vibraciones alrededor. Basilio huye como puede del jabalí, mientras Oberón y Sancho fabrican una trampa: Sancho horada la tierra y Oberón la cubre mediante una ilusión. Al salir Basilio le avisan de la ilusión y consigue bordearla. Desgraciadamente, el jabalí bordea también la zona y, mientras Basilio vuelve a su forma humana, lo agarra con sus colmillos y lo despedaza, dejándolo maltrecho en el suelo. Los magos, con aspavientos, consiguen atraer a la criatura hacia el hoyo, donde cae y se enfurece. La ilusión no permite lanzar hechizos hacia el interior, y los magos temen asomarse, dada la ferocidad de la criatura. Se mantienen pensativos, decidiendo cómoa frontar la situación.

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Sesión 7

Sancho y Oberón deciden investigar la tierra del jabalí mágico, mientras este permanece en el agujero. Encuentran en el interior de una cueva cuatro jabatos, indefensos, que les gruñen al acercarse. Oberón lanza unas enredaderas, inmovilizándolos. Con una cuerda mágica, consigue atarlos y, mediante un hechizo los tranquiliza, mientras Sancho se ve arrastrado por uno de ellos. Aparece Guillermo, que les ayuda a sacar a los jabatos de la zona. Sancho abre, con esfuerzo, un puente mágico que les permite evitar utilizar la balsa, la que intentan utilizar infructuosamente en un principio, pues caen al agua.

Vuelven a Abizanda y, por el camino, una mujer de mal aspecto se sube a su carro, les pide silencio y tira una bolsa llena de gemas y oro en la parte de atrás. Aparecen varios soldados, que aprecen buscar a la mujer. Esta, sin embargo, ha cambiado su rostro y parece un muchacho joven, de unos 18 años. Al irse los soldados, esta reclama su dinero. al negarse uno de los magos, cambia su rostro y muestra facciones demoníacas. Los magos dan el dinero y la dejan marchar.

En Abizanda todo sigue tranquilo. Los dos nuevos reclutas siguen igual de torpes y el cocinero igual de poco limpio. En una estación Basilio consigue curarse de sus heridas, tras dos caídas que casi lo llevan a la muerte. Al final, Sancho decide ejecutar un hechizo mágico, que le permite mejorar sus heridas.
Llegan, al cabo del tiempo, tres soldados, uno de los cuales, llamado Pascual, parece responder ante su señor, Carlos de Uribe. Les pide que acudan a Urgel, donde le expliquen de qué manera han ido a acabar a esas tierras y, sobre todo, por qué no han avisado a su dueño legal. Los magos se dirigen hacia allá, no sin antes escribir a la Orden. Por el camino se encuentran con una vieja, un tanto peculiar, que lanza frases ambiguas a los magos. Sancho habla con ella y la invita a unirse a Abizanda.
Una vez en Urgel se reúnen con Matlus, que les indica que ya están moviendo los hilos necesarios, por lo que eviten llamar demasiado la atención. Ante Carlos de Uribe los magos responden no demasiado claramente, lo que lleva a su sorpresa. En esa tesitura, Oberón decide utilizar su poder de fascinación, pero el consejero de Carlos se interpone y habla con los magos aparte, pidiéndoles que dejen sus “trucos” para otro momento, puesto que se ha de evitar lo que anteriormente sucedió, a saber, que uno de ellos, tras traer caos al territorio, fue quemado vivo.
Los magos deciden volver a Abizanda. En el camino recogen a la anciana vieja que encontraron.

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Sesión 8
Reclutamiento, Invierno AD 1222

En un día frío y tormentoso, Lucio y Mucio alertan a los magos: se observa una luz que parpadea en las afueras. Los magos acuden y descubren a Aurelia, que, como le pidió Sancho, se ha dirigido a la Alianza.
Los magos se dirigen a Aínsa, donde buscan nuevos reclutas. Allí, tras hablar con uno de los guardias, deciden llevarse a tres reos: Alodio, un cabrero enorme con malas pulgas, acusado de haber matado a una persona por haber mentado malamente a su madre; Uchenio, un pobre muerto de hambre; y Ceferín, un aragonés caído en desgracia. En el camino de vuelta se les une Milvio, un joven con especial habilidad con la honda.
Posteriormente se dirigen a la mina cercana a Aínsa, donde encuentran a un goblin escondido. Deciden hablar con él.

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Sesión 9
Vacas flacas, Primavera AD 1223

Tras aprender el hechizo, Sancho procede a lanzar el Aegis, inaugurando, así, la protección mágica frente al exterior. Para observar si hay algún ser mágico en la alianza deciden sacar a todos los habitantes de la misma al lanzarse el ritual. Posteriormente, observan que tan sólo Aurelia es reacia a entrar. Sin embargo, demuestra no ser una criatura mágica, cuando finalmente accede al recinto. Se muestra, no obstante, mareada y extraña. Gabriel, el deceptor, decide que Álvaro, el sargento, le eche un ojo y observe sus movimientos.
Cordelia, mientras tanto, se reúne con el deceptor. Se muestra preocupada por dos asuntos: primero, porque la alianza está arruinada. Son muchas las deudas y se teme que, en breve, no pueda afrontar la situación; por otra parte, pide permiso al deceptor para abandonar la alianza y volver a su tierra, Barcelona. En efecto, dice encontrarse cansada y vieja, y querría retirarse a la tranquilidad de su hogar. Gabriel lo consiente, siempre y cuando sea capaz de traer a alguien capaz que la sustituya en su trabajo.
El goblin, que fue llevado a la alianza, decide volver a su mina. Se encuentra mal en la nueva área y echa de menos sus herramientas y “amigos”. Igualmente, observan los magos que los jabatos no producen la vis que sí producían en su morada. Se temen que, tal vez, haberles sacado de su hábitat natural tenga algo que ver con ello. Diana cree, por su parte, que el jabato enfermo lo está justamente por esta circunstancia.
Álvaro avisa a los magos de que Aurelia ha partido hacia el bosque. Envían a Lucio y Mucio en su búsqueda, pero vuelve sólo Lucio, que apenas puede hablar del miedo. Tras lanzarle un hechizo que reprime su miedo, Lucio consigue explicar la situación: al penetrar en el bosque el miedo lo embargó, justamente cuando unas sombras difusas empezaron a rodearle. Decidió volver, pero no así Mucio, por cuya vida teme.
Los magos se dirigen al bosque, acompañados de Alodio y Lucio. Se internan en el bosque y, tras un tiempo, observan a Aurelia danzando desnuda en un claro, rodeada de flores y hierbas. Rodrigo, con su segunda visión, logra ver que unas sombras difusas bailan con ella al son de una extraña música. Al acercarse Oberón, Aurelia frena su danza y le grita para que se aleje. Entonces aparecen pisadas en el fango y Gabriel es atacado, recibiendo un fuerte zarpazo en el vientre, que lo deja malherido. Huyen todos los magos, menos Sancho, que consigue conjurar una jaula mágica de hierro que lo protege. El cuerpo de Aurelia se levanta levitando del suelo y, poseída por otra entidad, le conmina a abandonar el lugar sagrado. Mientras tanto, los otros magos escapan rápidamente. Oberón realiza un círculo de protección, en el que se protege también Rodrigo. Ven entonces a Sancho, que se acerca al círculo y les pide que salgan lo más rápido del bosque. Oberón decide lanzar un hechizo sobre él, pero al sacar la mano del círculo, Sancho le arranca el brazo, demostrando, así, que se trata de una criatura que ha tomado su apariencia. Rodrigo intenta hablar con el falso Sancho, pero éste decide irse.
Llegan a la alianza Gabriel y Alodio. El cocinero trata, primero, a Gabriel, y después a Oberón, que, traído por Rodrigo, llega bastante más tarde.
Al día siguiente aparece Sancho. Al verlo, y dadas las noticias que había recibido por parte de Oberón y Rodrigo, Gabriel le lanza un proyectil de fuego, que lo habría matado, si no hubiera interpuesto un muro de piedra delante. Sancho huye a Duresca y Rodrigo escribe a todas las alianzas sobre el crimen de Sancho.
Baruch vuelve entonces con Sancho, y abre así un pequeño juicio para esclarecer los hechos. Sancho resulta inocente, demostrándose que no había sido el causante de la pérdida del brazo de Oberón. Sin embargo, acusa a la orden de haber interferido en la sociedad de las hadas sin permiso, poniendo, además, en peligro a la alianza y a la orden. Decide no sancionar este hecho, alegando la juventud de los magos y el mal que ya de por sí habían recibido los magos. Sin embargo, Sancho acusa a Gabriel de haberle atacado sin derecho. Esto hace que Baruch sancione a Gabriel con cuatro estaciones de trabajo para Sancho, que podrá reclamar por adelantado, siempre y cuando no interrumpa una labor de largo período que puediere estar desarrollando Gabriel.
Tras el juicio, Oberón recibe la visita de Matlus, que cura al mago y restaura su miembro. Aprovecha la ocasión para enseñarle a Jonás, el niño que vive cerca de Abizanda y que demuestra tener el Don. Matlus se interesa por el mismo y agradece a Oberón habérselo entregado para su educación. Perdona a la alianza, así, 20 peones de vis corpus que le deben por su trabajo de curación.

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Sesión 10
Invierno AD 1223

Sancho de Tytalus consigue a Thor como familiar, uno de los jabatos de color gris azulado que arrebataron a su madre, en la zona del lago.
Oberón de Merinita consigue aprender el hechizo que le permite comunicarse con el árbol mágico. Este se presenta como Pascual (nombre que escoge al vuelo, al ser preguntado) y pide a los magos salida hacia el exterior. Gracias a los hechizos de Sancho consigue salir hacia el jardín, ocupando la parte norte del lugar. Se muestra terco y reacio a ser tocado. Los habitantes mundanos caminan con cuidado de no tocar sus ramas y hojas.
Aprovechando la salida del árbol, los magos rescatan los libros y objetos sepultados en las profundidades. Consiguen rescatar bastante de ellos.
Tomás de Bethancourt, sobrino de Cordelia, se presenta ante los magos como sustituto de la autócrata. Su primera medida es salir con varios guardias para encontrar otros tantos.

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